Cuando creyó que se moría, un amigo me contó que él era culpable de los siete pecados capitales: avaricia, envidia, gula, lujuria, pereza, soberbia, ira: “Jamás me confesé -dijo-. Yo no quería que el cura gozara más que yo con mis pecados, y por avaricia me los guardé. No confesé que me daban envidia las moscas, que podían volar bajo la pollera de esa mujer. ¿Gula? Sí, gula: desde la primera vez que la vi, el canibalismo no me pareció tan mal. Por lujuria o rayos X yo siempre la veía desnuda, como desnuda se ve la espada a pesar de la vaina. Meterme en ella era lo único en el mundo que no me daba pereza; fuera de ella, yo andaba desganado, asueñado, como bicho fumigado me arrastraba sin rumbo ni tumbo. Y en ella estuve, más entrando que saliendo, hasta que cometí la soberbia de creer que ella era yo. Y una noche, loco de ira, rompí a golpes ese espejo”.
Como la naturaleza, la inteligencia tiene sus espectáculos. Nunca las auroras, nunca los claros de luna que me han hecho delirar tan a amenudo hasta las lágrimas, han sobrepasado para mí en apasionada ternura, a ese amplio incendio melancólico que durante los paseos del final del día, matiza entonces otras tantas aguas en nuestro alma, que el sol cuando se pone, hace brillar en el mar. Más que un junete al que aturde y embriaga la velocidad creciente de un animal adorado, nos entregamos temblando de confianza y alegría a los pensamientos tumultuosos a los que, cuanto más los poseemos y los dirigimos, sentimos pertenecer cada vez más irresistiblemente. Es con emoción afectuosa que recordaremos el campo oscuro y saludaremos las encinas llenas de noche, como el campo solemne, como los testigos épicos del impulso que nos arrastra y que nos embriaga. Elevando los ojos al cielo, no podemos reconocer sin exaltación, en el intervalo de las nubes aún conmovidas por la despedida del sol, el reflejo misterioso de nuestros pensamientos: nos hundimos cada vez mas pronto en el campo, y el perro que nos sigue, el caballo que nos lleva o el amigo que se ha callado, menos aún, cuando a veces no hay ningún ser viviente a nuestro lado, la flor de nuestra solapa o el bastón que revolotea alegremente en nuestras manos febriles, reciben en miradas y en lágrimas el tributo melancólico de nuestro delirio.
Una casa con 10 pinos
hacia el sur hay un lugar
ahora mismo voy allá, porque ya no aguanto mas
no aguanto mas, no aguanto mas vivir en la ciudad
solo humo y soledad
nada mas que respirar
nunca mas en la ciudad
no hay preguntas que hacer
una simple reflexión
solo se puede elegir
olvidarse o resistir
para lograr y conseguir
prestigio en la ciudad
dinero y nada mas
sin tiempo de observar
un jardín bajo el sol
antes de morir
Un jardín y mis amigos
no se pueden comparar
con el ruido infernal
de esta guerra de ambición
para ganar o empatar
prefiero sonreír
mirar adentro de mi
fumar o dibujar
para que complicar.
Si no canto lo que siento
me voy a morir por dentro
he de gritarle a los vientos hasta reventar
aunque sólo quede tiempo en mi lugar
si quiero me toco el alma
pues mi carne ya no es nada
he de fusionar mi resto con el despertar
aunque se pudra mi boca por callar
ya lo estoy queriendo
ya me estoy volviendo
canción barro tal vez….
y es que esta es mi corteza
donde el hacha golpeará
donde el río secará para callar
ya me apuran los momentos
ya mi sien es un lamento
mi cerebro escupe ya el final del historial
del comienzo que tal vez reemprenderá
si quiero me toco el alma
pues mi carne ya no es nada
he de fusionar mi resto con el despertar
aunque se pudra mi boca por callar
ya lo estoy queriendo
ya me estoy volviendo canción
barro tal vez…
y es que esta es mi corteza
donde el hacha golpeará
donde el río secará para callar
Alguna vez mi vieja me dijo que no había que hacerle mal a la gente, que no hay que hacer a los demás lo que no se quiere para uno mismo.
No voy a mentir. Algunas veces personas me han despertado sentimientos contrarios a esos consejos. No soy una buena persona, pero trabajo a diario para tratar de ser menos mala.
Hace un par de años me ocurrió algo que me acercó un poco al Sr K de Kafka. Yo desconocía los motivos pero un grupo de personas me condenó. Yo me disculpé y me disculpé, lloré frente a ellos y pedí perdón por posibles acciones mías que pudieran haber motivado semejante reaccion. Nunca supe qué despertó tanto odio y me fuí.
Volví. Dos años mas tarde. Encontré a algunas de esas personas y las traté como si nada hubiera pasado. Ellas me respondían igual pero con un poco de desorientación. Las heridas sanaron bastante de ambos lados.
Al llegar casi a los tres años de mi partida, sin esperarlo yo ni provocar nada, cae frente a mí mi mas cruel verdugo. El verdugo que supo liderar todo un rebaño. Fuí la espectadora casual de cómo lo juzgaban, sé que sintió vergüenza y que mi presencia no le era indiferente. Lo ví apichonado, como acurrucado sin mirar hacia ningún lado.
En el momento reconozco que saboreé un poco cierta venganza. Pero luego, a la noche en mi casa y sólo conmigo como interlocutor, me sentí mal por haber pensado que las vueltas de la vida habían planteado todo así para mi. La verdad es que lo pasó mal y bue’, pueda ser que haya crecido un poco mas y ya no quiera andar haciéndole mal a la gente por ahí.
Este será el lugar para las diferentes cosas que escribí cuando era chica. Chica, en este caso va de los diez a los catorce años y no mas.
Me retuerzo de vergüenza cada vez que me encuentro con esos escritos, pero si no hago esto sé que van a terminar perdidos para siempre. O puede agarrarme un ataque y un día tirar todo. Soy de ese tipo.
Bien. Habrá aquí poemas y poemitas dedicados a noviecitos, otros algo oscuros y tristes, alguno a un hermano que no nació, a veteranos de guerra, etc.
No habrá ninguna genialidad ni mucho menos, pero es y será de un gran valor para mi.
Ah, y me comprometo con migo misma a no retocar nada (porque sino ya no vale).
… casi me arrepiento