Alguna vez mi vieja me dijo que no había que hacerle mal a la gente, que no hay que hacer a los demás lo que no se quiere para uno mismo.
No voy a mentir. Algunas veces personas me han despertado sentimientos contrarios a esos consejos. No soy una buena persona, pero trabajo a diario para tratar de ser menos mala.
Hace un par de años me ocurrió algo que me acercó un poco al Sr K de Kafka. Yo desconocía los motivos pero un grupo de personas me condenó. Yo me disculpé y me disculpé, lloré frente a ellos y pedí perdón por posibles acciones mías que pudieran haber motivado semejante reaccion. Nunca supe qué despertó tanto odio y me fuí.
Volví. Dos años mas tarde. Encontré a algunas de esas personas y las traté como si nada hubiera pasado. Ellas me respondían igual pero con un poco de desorientación. Las heridas sanaron bastante de ambos lados.
Al llegar casi a los tres años de mi partida, sin esperarlo yo ni provocar nada, cae frente a mí mi mas cruel verdugo. El verdugo que supo liderar todo un rebaño. Fuí la espectadora casual de cómo lo juzgaban, sé que sintió vergüenza y que mi presencia no le era indiferente. Lo ví apichonado, como acurrucado sin mirar hacia ningún lado.
En el momento reconozco que saboreé un poco cierta venganza. Pero luego, a la noche en mi casa y sólo conmigo como interlocutor, me sentí mal por haber pensado que las vueltas de la vida habían planteado todo así para mi. La verdad es que lo pasó mal y bue’, pueda ser que haya crecido un poco mas y ya no quiera andar haciéndole mal a la gente por ahí.
No hay que escupir al cielo
Marzo 5, 2008 de lenina